Lo sabemos, dejar los malos hábitos parece cosa imposible, pero no es así. La realidad es que te has aferrado tanto a ellos que crees que ya son parte de ti, pero te equivocas.
Tú eres más que tus malos hábitos y estos no forman parte de tu personalidad ni tampoco definen tu vida por completo.
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Dejar un mal hábito suele funcionar mejor si te enfocas en cambiar el sistema que lo mantiene, no solo en depender de la fuerza de voluntad.
Porque no se trata de echarle más ganas o de hacerte sufrir, sino de probar estrategias que te hagan soltar esas acciones que no te están haciendo ningún bien.
A continuación, te hablamos sobre las mejores, para que las pongas en práctica:
¿Cómo dejar los malos hábitos?
1. Define el hábito con precisión.
En lugar de “quiero comer mejor”, identifica el comportamiento concreto: “ya no comer dulces después de cenar”.
2. Identifica el desencadenante.
Pregúntate: ¿Cuándo ocurre? ¿Dónde? ¿Con quién? ¿Qué emoción siento? ¿Qué pasó justo antes?
Muchas veces los hábitos están ligados al aburrimiento, el estrés, el cansancio o una rutina específica.
3. Haz difícil el hábito que quieres dejar.
Es decir, si quieres usar menos el móvil, déjalo en otra habitación. O si quieres dejar de comer comida ultraprocesada, evita tenerla en casa.
Incluso, si quieres reducir el tiempo en redes sociales, elimina los accesos rápidos o establece límites de uso.
4. Sustituye el hábito en lugar de eliminarlo sin más.
El cerebro suele aceptar mejor un reemplazo que un vacío. Por ejemplo: En vez de fumar, da un paseo corto o mastica chicle.
También, en vez de picar por aburrimiento, bebe agua o come una fruta. En vez de revisar el celular automáticamente, lee unas páginas de un libro.
5. Empieza con objetivos pequeños.
Cambios modestos son más fáciles de mantener. Por ejemplo, reducir de 10 cigarros a 8 al día, limitar redes sociales a 30 minutos diarios y hacer 5 minutos de ejercicio en lugar de proponerte una hora son acciones sencillas y pequeñas que te ayudan a dejar tus malos hábitos.
6. Lleva un registro.
Anotar cuándo logras evitar el hábito y cuándo no ayuda a detectar patrones y medir el progreso.
7. Prepárate para las recaídas.
Un desliz no significa que hayas fracasado. Lo útil es preguntarte: “¿Qué provocó esto y qué puedo cambiar la próxima vez?”.
8. Apóyate en otras personas.
Contarle a alguien tu objetivo o hacerlo junto con otra persona puede aumentar las probabilidades de mantener el cambio.
9. Busca ayuda.
Si el hábito implica una adicción (por ejemplo, tabaco, alcohol, apuestas u otras sustancias) o está afectando de forma importante tu salud, relaciones o trabajo, buscar apoyo profesional puede marcar una gran diferencia.
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