¿Has escuchado acerca de la templanza? Quizá sí, pero ojalá haya sido como un rasgo que tú tienes o que no te haya faltado.
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Ya en otra ocasión te hablamos de la ecuanimidad, ahora es el turno de la templanza, una característica que bien trabajada como un rasgo de nuestra personalidad, nos coloca lejos de los extremos o intensidades nocivas de la era moderna.

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Zach Vessels
¿Qué es la templanza?
Para esto retomaremos lo que dice la RAE, nos da 5 definiciones, las cuales todas suman para describir un concepto interesante.

Como puedes ver, la templanza parece significar un punto de equilibrio logrado desde la razón y la consciencia sin perder lo maravilloso de las circunstancias.
Es como actuar con moderación, sin excesos pero actuar.
Quizá es para ponernos filosóficos, pero pareciera ser una cualidad que va más allá de la neutralidad, para vivir las experiencias con tranquilidad, orden y cautela, pero con gozo.
Si por la definición religiosa te estás preguntando cuáles son las otras virtudes cardinales, anótale:
*Templanza
*Prudencia
*Fortaleza
*Justicia
Nos llama la atención, ya que parece que forma parte de la sabiduría y tiene su lugar justo al lado de la prudencia.
¿Por qué tener templanza?
Porque ante la vida misma, la vida de hoy en día, hay más situaciones que nos invitan a vivir al límite, con más intensidad, en lo inmediato y frágil.
Se me viene a la mente aquél concepto de Amor líquido de Zygmunt Bauman, por cierto, un libro recomendado si te interesan las relaciones humanas.
Regresando a la templanza, como seres humanos, la templanza viene a ser una cualidad que nos da algunos segundos de meditación o reflexión ante los desafíos, es decir, no perder la cabeza, sino controlarla y visualizar el panorama completo.
Se vale reaccionar, se vale responder y sentir, pero tener la templanza para hacerlo desde el buen juicio, nos puede hacer diferentes a muchas personas y a darnos perspectivas diferentes en ciertas circunstancias, ¿no crees?
¿Te consideras una persona con templanza?
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